LA EDAD DE LOS CLIENTES DE ESCORTS DE LUJO

Las escorts de lujo

 

 

Variadas son las edades de los clientes de las escorts de lujo en Madrid y prostitutas de alto standing en Barcelona, al igual que las edades de las escorts. Así, algunas profesionales establecen límites de edad para sus clientes, ya sea por arriba o por abajo, aunque la mayoría no lo hacen.

LOS LÍMITES EN LA EDAD DE LOS CLIENTES DE ESCORTS

Si antes los clientes de las escorts de alto standing eran hombres de mayor edad, que superaban los 35 años, con un trabajo estable, y principalmente con una vida ya posicionada, a día de hoy son cada vez más los chicos que, una vez cumplida la mayoría de edad, comienzan a contratar servicios sexuales. A partir de los 18 años, muchos jóvenes prefieren la comodidad de contratar los servicios de una meretriz que el tener que perseverar hasta conseguir conquistar a una chica. Aparte de la comodidad, también aparece las preferencias por practicar técnicas sexuales que sus novias o ligues de discoteca no están dispuestas a practicar, como el francés natural o el sexo anal.

El problema surge cuando algunas escorts de alto standing fijan una edad mínima para los clientes. Muchas de ellas no aceptan a clientes de menos de 25 o 30 años, ya que no se sienten cómodas con chicos de bastante menor edad, y prefieren rechazar un servicios que no ser capaces de rendir al máximo durante su encuentro. Es más, les suelen aconsejar que intenten ligar un poco más, y acudir menos al sexo de pago, para no ser tan precoces en prácticas sexuales diferentes a las que la sociedad considera como standard.

Pero también pasa lo mismo con las escorts jóvenes y los hombres más maduros. Algunas de las prostitutas de lujo jóvenes, ya sean universitarias o no, no quieren atender a hombres de más de 50 años, ya que consideran una barrera de edad muy alta para poder tener un encuentro que cumpla las expectativas del hombre. O por el contrario, no quieren cerrar citas tampoco con chicos de su edad, por miedo a coincidir posteriormente en la Universidad, en una discoteca, o cualquier otro sitio, y perder así su intimidad profesional.